Mediacasa presenta a Cuba como un hogar incompleto donde la utopía sigue respirando, aunque envejecida en sus esquinas. Julio Hernández recorre un país-casa que prometió plenitud pero quedó suspendido entre el sueño y la grieta. La utopía aparece como luz que insiste, pero ya no alumbra entero: apenas un resplandor que guía y duele. En pasillos que son historia y en objetos que guardan ausencias, el poemario revela cómo se habita un territorio donde la esperanza es ritual y la desilusión, vecino permanente. Aun así, en la mitad rota, algo sigue vivo: la voluntad de imaginar un país posible.
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